Si bien es un hecho sin precedentes, podemos hacer un análisis comparativo entre Alberto Fujimori y el Inca Atahualpa, ambos gobernantes de nuestro territorio[1] que, a pesar de haber vivido con cinco siglos de diferencia, poseen características y un destino similar, los cuales han motivado el presente ensayo.
Políticamente, las vidas de los dos personajes de nuestra historia nacional han estado envueltas en crisis y golpes de estado: Atahualpa derrocó al régimen que administraba su hermano Huáscar para asegurarse en el trono, mientras que Fujimori se dio golpe a sí mismo para cambiar la Constitución y, de esta manera, poder reelegirse como presidente.
Un dato interesante que debe traerse a colación, es la cercanía que ambos mandatarios tuvieron con los militares para mantenerse gobernando. Atahualpa fue muy amigo de los militares y guerreros de Quito que formó su Padre Huayna Cápac, y los comandó para que lo defendieran de cualquier amenaza. De igual forma, Fujimori se apoyó de las Fuerzas Armadas para imponer orden y permanecer libre de traiciones y atentados en su contra.
Asimismo, ambos han administrado cuantiosos bienes que fueron utilizados con fines personalistas. Fujimori obtuvo mucho dinero proveniente de los procesos de privatización iniciados en su gestión y lo invirtió en programas populistas orientados a resaltar su imagen presidencial; por su parte, Atahualpa reunió mucho oro y plata del Tahuantinsuyo para pagar su rescate, el cual fue enviado a la Corona Española.
Algo necesario de resaltar, también, es el origen incierto de estos dos "peruanos". Existen dos posturas sobre el origen de Atahualpa, algunos cronistas dicen que es cuzqueño, mientras que otros afirman que nació en Quito, lugar donde estuvo su padre. De igual forma, sobre el origen de Fujimori existen dos afirmaciones: la primera que nació en Perú y la segunda lo tilda de japonés, puesto que sus padres son naturales de dicho país y migraron al nuestro.
Resulta curioso enfatizar que ambos han sido los únicos gobernantes de nuestra historia (además de Augusto B. Leguía) que han sido procesados y sentenciados. Nuestro inca fue acusado de idolatría, poligamia, conspiración a los españoles y de haber asesinado a Huáscar, y fue sentenciado a morir ahorcado. Nuestro ex dictador fue acusado de delitos de homicidio y secuestro agravado, y sentenciado a veinticinco años de prisión.
Justas o injustas sus condenas, estos dos hombres han tenido un desenlace muy parecido, pues los dos terminaron sus días en prisión lejos de todo lujo y poder que otrora tuvieron. Juntos, ahora son parte de una Historia del Perú negativa y sombría porque sus gobiernos finalizaron en escándalos y consecuencias desastrosas para la nación que gobernaron.
Edwar R. Díaz Villanueva
[1] No puede usarse el término país en tanto la concepción del Tahuantinsuyo no era como tal.

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