martes, 9 de diciembre de 2008

CONOCE MOQUEGUA

MOQUEGUA...CIUDAD DEL SOL Y LAS TIERRAS FERTILES

La Región Moquegua se encuentra ubicada en la zona sudoccidental peruana y es bañada por las frías aguas del Pacífico sur, ricas en especies marítimas como la anchoveta. Por el norte limita con la Región Arequipa, compartiendo con ésta una parte del territorio de la Reserva Natural Salinas Aguada Blanca. Por el sur con la patriótica ciudad de Tacna, por el este con Puno y por el oeste con el Océano Pacífico(1).

Tiene una superficie territorial de 16,147 Km2 lo cual representa el 1.26 % del territorio nacional(2). Según los resultados preliminares del censo del 2007, Moquegua es la penúltima región poblada de todo el Perú, pues solo cuenta con 161,500 habitantes, (0.6% de peruanos)(3). La Capital de la Región es la ciudad de Moquegua (1,412 m.s.n.m). Asimismo, cuenta con dos provincias más: Ilo (5 m.s.n.m) y General Sánchez Cerro (2,180 m.s.n.m.).

Antes del arribo de los incas, la zona sobre la que hoy se extiende Moquegua estuvo poblada. Hasta allí se trasladó el inca Mayta Cápac, acompañado de sus capitanes (mitimaes), con la finalidad de colonizar las tierras y fundar las ciudades de Cuchuna y Moquegua, donde planeó albergar mayor cantidad de personas de las que ya existían allí(4).

La ciudad de Moquegua fue fundada el 25 de noviembre de 1541 supuestamente por Pedro Cansino y su esposa Josefa de Bilbao(5). Pronto los colonizadores, con toda razón, denominaron a Moquegua como un “paraíso, abundante y rico”(6). Fue escenario de una batalla entre peruanos y chilenos en 1880, en la que 300 valerosos peruanos, dirigidos por el coronel Andrés Gamarra, se enfrentaron a un batallón de chilenos que les dobló en número. El resultado fue 100 héroes peruanos caídos y 340 chilenos muertos.


Hoy en día, Moquegua es una ciudad asentada en la provincia de Mariscal Nieto (en honor al militar Domingo Nieto que se enfrentó al gobierno dictatorial de Mariano Ignacio de Vivanco en 1843). Aunque no es muy promocionada, posee una gran riqueza en minerales, por lo que constituye un atractivo foco de inversión de capitales extranjeros, a lo cual se suma su riqueza agrícola y ganadera. Su excelente clima, iluminado por un destellante sol y una templada temperatura que oscila entre los 22º y 25º durante todo el año, la hace una ciudad agradable para todos los gustos.

Aún así, es el origen de la palabra “moquegua” es impreciso. Se dice que proviene de las voces quechuas “muki” (adjetivo para señalar algo húmedo y mojado) y “-hua” (sufijo que denota lástima), es decir, "(u)na tierra fértil y capaz de mucha más gente que la que tenía". Pero también se cree que es una palabra de origen aymara, donde también tendría un significado relacionado con la humedad de sus tierras(7).

Pero todo lo leído hasta aquí en los párrafos precedentes carecería de sentido si no narrásemos lo hermosa que es la ciudad y sus provincias en sí. Llegar a Moquegua es fácil, podemos viajar directamente en bus o en avión (hasta Tacna o Arequipa) y luego en auto. Recomendamos llegar al amanecer, así disfrutaremos de una refrescante alba y del radiante sol que asoma por las colinas.

En la plaza principal, reposa una fuente instalada en 1887, cuyo diseñador fue el ingeniero francés Gustavo Eiffel (¿no les suena familiar el apellido?). La hermosa iglesia de Santo Domingo funge de catedral adornando con sus estructuras la ya bella e histórica plaza. Metros más allá, se levanta un enorme mural de piedra, donde funciona la Municipalidad Provincial, en cuyo interior, existe un museo de sitio, el cual recomendamos ingresar para disfrutar de la arqueología e historia moqueguana.

Una visita que no se pueden perder es el paseo por las licorerías que conforman la muy reconocida “ruta del pisco”. Allí podrán degustar de exquisitos piscos y comprar botellas con curiosas presentaciones y con un contenido alcohólico sensacional. Recomendamos ser mesurado con la degustación, pues se corre el riesgo de resultar ebrio al no poder resistirse al placer de ingerir cada vez más cantidades de este licor tan peruano como lo es el pisco.

Saliendo de la ciudad llegamos al distrito de Samegua, ciudad asentada sobre lo que otrora fuera la cultura Tiahuanaco. Samegua es conocida por las deliciosas paltas que se cultivan en sus tierras. La visita se vuelve más placentera puesto que desde cualquier punto de este distrito se puede observar el imponente “Cerro Baúl”, el cual es una enorme y curiosa formación rocosa que se eleva en los cielos en forma de un cajón. Cuentan los habitantes que, a su cima, muchos curanderos acuden para realizar ceremonias y ofrendas para los apus.

Si avanzamos más, por lo que se conoce como la carretera “Transoceánica”, llegamos a Torata, en cuya entrada, un dorado toro nos recibe con la mirada perpetua hacia el Cerro Baúl. Torata es un pueblito acogedor, pequeño, pero con un antiguo secreto que guardan sus pobladores y que les permite preparar los más deliciosos dulces que se puedan conseguir en todo nuestro territorio nacional. En las afueras, está edificado un precioso parque-jardín escalonado, en cuya cúspide reposa un pálido Cristo Redentor encargado de dar la bienvenida a los visitantes con sus abiertos brazos.

De regreso, podemos detenernos en las alturas de la ciudad de Moquegua. Allí se ha construido un centro de esparcimiento desde donde se puede observar la ciudad y el poniente. El rostro del Dios Inti (Sol) nos da la bienvenida a las piletas y jardines, y nos invita a acercarnos a otro Cristo Redentor mucho más grande que su vecino torateño. Metros más allá, se ubica un mirador, al cual, si deseamos acceder, debemos cruzar un excitante puente colgante, distendido en dos orillas arenosas a una altura capaz de causar vértigos al más avezado turista.

De regreso a la ciudad, la nostalgia nos desborda por tener que dejar una ciudad tan bella como Moquegua, pero nos vamos contentos de haber probado deliciosos dulces, observado inimaginables paisajes, vivido emocionantes aventuras y conocido platos tan exquisitos como el picante de cuy y la sustanciosa sopa llamada patasca moqueguana.

No obstante, no abandonamos aún la Región Moquegua. Nos despedimos de la ciudad y alistamos las maletas con dirección a Ilo, la provincia costera de esta región. Partimos de Moquegua muy temprano y luego de dos horas de atravesar el desierto, en auto, llegamos a Ilo, ciudad asentada a orillas del Océano Pacífico y poseedora del más importante puerto peruano del litoral sur.

Ilo no es una ciudad muy turística (para aquellos que buscamos reencontrarnos con la historia a través de la arqueología y el folklore). Al llegar observamos claramente las edificaciones de cemento y rectangulares, propias de las ciudades de costa. Algunas cuadras más allá se encuentran, formando una hilera sobre la orilla, las más reconocidas cevicherías que ofrecen suculentos platos marinos, a los cuáles el turista no se puede resistir. Es más, constituiría un “delito” no probar un reconocidísimo ceviche acompañado de un chilcano refrescante.

A nuestro arribo a la ciudad de Ilo contemplamos su bella y calurosa plaza principal, adornada por una pequeña pero moderna catedral que mira al mar. Descendimos cuadras más allá hasta llegar al Puerto de Ilo, enorme construcción cuyo extremo finiquita con un muelle donde los lugareños realizan pesca artesanal. Desde allí se pueden observar una gran variedad de barcos, lanchas y botes que pescan en el horizonte. También resulta sencillo realizar un paseo en bote para divisar desde a distancia la ciudad y toda la bahía, y realizar algunos juegos con los lobos marinos que nos dan la bienvenida.

Además, recomendamos hacer un paseo por las orillas Ileñas, empezando por la tradicional Glorieta, pequeña y muy representativa construcción de madera donde se puede reposar para refrescarse con la brisa, hasta terminar en el otro extremo, donde yacen vetustos barcos, embadurnados por malaguas que viven sus últimos días bajo la luz solar. Terminado nuestro paseo ribereño, podemos caminar por los puestos de artesanía para comprar adornos elaborados con elementos marinos.

Finalizamos nuestra visita a Ilo deteniéndonos unos minutos en la Plaza Miguel Grau, donde rendimos homenaje al “Caballero de los Mares”, cuyo monumento reposa sempiterno observando el mar que otrora defendió y nos legó. Conocer Ilo fue una grata experiencia que nos invita a reflexionar sobre la importancia de valorar y proteger nuestros recursos naturales, especialmente los ictiológicos, ya que de ellos depende la vida de toda esta población.

Nos retiramos una sombría tarde, melancólicos, pero alistando nuevamente nuestro equipaje costero, puesto que a muchos kilómetros mas allá Piura nos espera.

FUENTES:

1.http://www.peruturismo.com/Imoquegua.htm
2.http://www.turismomoquegua.com.pe/
3.INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA E INFORMÁTICA “Perfil sociodemocráfico del Perú”. Lima 2008 p.17 (En línea) En: http://censos.inei.gob.pe/censos2007/Resultados/CPV2007_Perfil_Socio_Demografico.zip
4.Ibid.
5.http://www.peruturismo.com/Imoquegua.htm
6.Enciclopedia del Perú p. 1717
7.Kuong, Luis E. (1982), Retazos de la Historia de Moquegua, página 17

2 comentarios:

Eder Joáo Rojas Salinas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eder Joáo Rojas Salinas dijo...

En el comentario anterior hacía alusión a una omisión, en realidad inexistente, sobre la "Ruta del Pisco" en el presente post. Por ello suprimí el comentario ;)